¿Sabías qué? Los quesos semicurados, son el grupo de quesos que más varía en aspecto y textura.

Aún así los podemos clasificar en dos estilos. Los de corteza seca y los de corteza lavada.
Los de corteza seca maduran lentamente y pueden ser esponjosos, suaves, dulces, tener gusto a frutos secos y corteza muy fina, o ser correosos, florales y acres, con cortezas gruesas y duras. Cuando se elaboran con leche de cabra, son suaves, con gusto a nuez y un ligero toque de mazapán.
Los de corteza lavada son anaranjados y untuosos, se denominan de corteza lavada, son más blandos y tienen aroma y sabor acre, salado, a corral, ahumado e incluso, a carne. Suelen ser granulados más blandos justo por debajo de la corteza cuando están tiernos, y con el tiempo se van haciendo más suaves y elásticos.

Los quesos semicurados se lavan con salmuera para disuadir la proliferación de mohos no deseados. Los tipos de corteza seca desarrollan una que puede ser fina y de aspecto anodinos colorida teñida de moho gris, salpicado con rojo, amarillo y blanco, sobre una corteza dura rosa. La de los tipos de corteza lavada que se trata con salmuera es húmeda, untuosa y de color entre naranja y rojo. Cuando más se lavan, más suave, pegajosa y aromática será la corteza. Algunos quesos de corteza lavada, cuando están muy maduros, tienen un carácter fluido.
Maduración: se considera maduro, una vez transcurridas entre 3 semanas y 3 meses.
Su color interior varía entre una tonalidad paja hasta un amarillo cremoso.
La textura tanto en los queso de corteza seca como en los de corteza lavada, se ablandan mucho, por lo que varía de correosa y elástica, a suave e incluso fluida,
El sabor va a depender en gran medida de la corteza, pueden ser melosos, mantecosos, ahumados…
Con respecto al contenido grado, indicaros que contienen entre un 24 y un 30% por cada 100gr.
Humedad: retienen mucha humedad ya que solo se prensan ligeramente, e incluso en algunas ocasiones no se prensan nada en absoluto. El lavado es el que sella la corteza y guarda la humedad.

Elaboración: el proceso de lavado es variado, y cada una confiere un estilo diferente de corteza.
Los que se sumergen en salmuera durante horas o días y se dejan secar, desarrollan una corteza muy fina de color pálido y a veces una con carácter más grueso y tono rosado.
Si el queso se salpica o pulveriza con líquido, la corteza que desarrollará será fina, pegajosa y anaranjada, y cuanto más se lave, más pegajosa y brillante será.
Se añade el cuajo a la leche para coagularla, separando así el requesón del suero.
Por los orificios de los moldes se escurre el suero de la cuajada, es durante esta parte del proceso, donde algunos tipos de semicurados, se prensan levemente.

Para degustarlos:
Crudos: los suaves como son muy recomendables en el desayuno. Los más potentes, es conveniente degustarlos como aperitivo e incluso dentro de una tabla de quesos.
Cocinados: los quesos de corteza seca son muy recomendables para asarlos al grill, porque su textura correosa se estira pero mantiene la forma (esto es lo que les hace poco adecuados para las salsas). 
Los quesos de corteza lavada se funden bien en las salsas, pero hay que utilizarlos con mesura porque una pequeña cantidad rinde mucho. 
Al asarlos enteros se acentúan los puntos dulces y salados, con lo que conforman un excelente entrante.

Maridaje con vino: Los quesos más suaves necesitan un tinto suave como un Merlot o una cerveza. Los acres de corteza lavada combinan muy bien con cervezas, sidras y variedades de uvas más dulces, como el Riesling o Gewurztraminer.
El Taleggio es un claro ejemplo de queso semicurado, de corteza fina y seca, con tacto arenoso y parches de moho gris y blando
El queso Langres es sometido a lavaros frecuentes y presenta una maduración en bodegas muy húmedas que le proporcionan esa brillantez que le caracteriza. La corteza se encoge y arruga al madurar y a veces se presenta delicadamente cubierto de moho.

Ibores: queso rústico, de leche de cabra, presenta una pasta blanca y firme rica en aromas a retama, lavanda y tomillo que contrasta con el pimentón de la corteza, dando lugar a un color cobre que aporta la calidez perfecta al gusto ácido. 
Consejo: espolvorea un poco de pimentón sobre el queso cortado, tuéstalo preséntalo como un aperitivo acompañado con un vino blanco seco y refrescante.

Otro ejemplo el queso Garrotxa: es uno de los quesos artesanos españoles de nueva generación del que destaca su sutil sabor a cabra y corteza tarecipoelada gris oscura o “pell florida”. Un trocito de este terroso queso español nos recuerda a la hierba de las montañas, nueces y hongos, con tono cremoso e inimitable. Ideal como postre o tapas, servido con almendras, nueces y un exquisito “Priorat Blanco”.