¿Sabías qué? El origen del queso majorero es prehispánico. Fue el primer queso de cabra de España en obtener la DOP en 1996.

Los orígenes de este queso se pierden en el período anterior a la colonización española de las Islas Canarias. Se cree que este producto fue uno de los alimentos preferentes de los Guanches, tal como reflejan documentos del Siglo XV. En una crónica del diario de la expedición de conquista de las Islas Canarias (1402) dirigida por Jean IV de Bethancourt, de hecho dicho escrito se considera el primero sobre las Islas Afortunadas, deja constancia del la existencia del ganado caprino y de la elaboración de quesos de gran calidad. Más tarde George Glas (1725-1765) marino y comerciante escocés, ya habla de la exportación de queso majorero.
La producción se circunscribe a la Isla de Fuerteventura, a los municipios de Antigua, Betancuria, La Oliva, Pájara, Puerto Rosario y Tuineje.
Por esto, el queso majorero también se conoce como queso de Fuerteventura. Se elabora con leche pasteurizada de cabra majorera, la raza autóctona, denominada Maxorata, topónimo que recibía la isla en la época prehispánica. La escasez de agua de la isla determina la ausencia de pastos y las cabras se alimentan de ricinos, cardos y cactus que confieren a su leche un excelente aroma y sabor perfumado.
A primera hora de la mañana, cada día, ordeñan las cabras, una vez finalizado el ordeño, la leche se pasa a unos tanques de frío donde se conserva libre de agresiones bacteriológicas. Poco después, unas cisternas isotérmicas, se encargan de recogerla y trasladarla.

La leche se filtra y se coagula mediante la adición del cuajo procedente de estómagos desecados de baifo (cabrito). Luego la cuajada se corta en granos de entre 5 y 15mm, dependiendo del tipo de queso que vaya a elaborarse. La pasta se introduce en pleitas (hojas de parra trenzadas que imprimen un dibujo muy característico en los laterales de los quesos) o en moldes de plástico que imitan el dibujo. 

Para el salado se emplea sal marina o salazón húmeda. El proceso de maduración se realiza en salas o cámaras durante mínimo 7 días. Los quesos son volteados, limpiados y untados con pimentón, gofio (harina gruesa y tostada de maíz, trigo o cebada) o aceite, lo que les da ese toque final tan especial y particular.

El porcentaje de grasa en extracto seco ronda el 50%. 
Pasta de color blanco o marfil, dependiendo del grado de maduración del queso.
Su maduración fluctúa entre 7 y más de 60 días, dependiendo del tipo de queso.
Forma cilíndrica.
Gusto en el paladar a miel, esencia de tomillo y almendras, con un postgusto redondo con toques de pimienta. Cremoso, láctico y ligeramente acídulo.
Estos quesos son de casta, con un sabor que te enamorará desde el primer bocado, no te los puedes perder!!!!