¿Sabías qué? En 1980 se creó la DOP del queso Roncal, la primera de nuestro país.

Y ¿qué denominador común tienen el pacharán, el queso Roncal y los pimientos del piquillo?
Pues que estas tres maravillas son originarias de Navarra.
El Roncal (D.O.P.) es un queso de pasta dura elaborado a base de leche de oveja. Se produce en el noroeste de Navarra, en el Valle del Roncal de lengua vasca. Se enclava en un paisaje casto que forma parte del Pirineo occidental. 
Las disposiciones legales tan solo permiten la elaboración de este queso en siete pueblos del Valle del Roncal: Uztárroz, Isaba, Urzainqui, Roncal, Garde, Vidángoz y Burgui. En esta zona, la cría de ganado la producción de queso se remontan al siglo XIII. El queso ronca está estrechamente ligado con la historia de os centenarios cambios de pastos que conducían a los pastores fuera del valle hacia el sur de Navarra, donde los rebaños pasaban el invierno y en verano volvían a los altos pastos de los Pirineos.
Se elabora con leche de ovejas lachas o Aragón. Las ovejas no dan mucha leche, pero gracias a su exquisita alimentación, su alto contenido en grasa es elevado y su toque aromático, único.
Pequeñas empresas familiares o la quesería central del Roncal fabrican este queso siguiendo el proceso de elaboración de los quesos de montaña, entre diciembre y julio. Una vez salado, madura durante unos cuatro meses en grutas naturales orientadas al norte, en las cuales sopla el aire fresco y húmedo proveniente de las montañas.
Se caracteriza por su forma cilíndrica de entre 1 y 3,5 kg. Corteza gruesa de color entre amarillento y marrón. Pasta sin agujeros, tonos que van desde el blanco al marfil. Consistencia compacta, dura y porosa. Sabor delicadamente sabroso, fuerte, ligeramente picante y mantecoso. Desprende olor a heno, frutos secos y setas.

Consejos culinarios:
Los pimientos del piquillo, asados y después pelados y puestos en conserva, se rellenan de roncal (entre otros ingredientes) y el resultado es una tapa suculenta, a la par que exquisita. Y para acompañarla, nada mejor que un buen tinto con cuerpo de la zona o una copita de pacharán, el placer de las endrinas.
Antiguamente, las abuelas de los pueblos agrícolas de Navarra, al final de la época estival, se encargaban de recoger los frutos de color azul negruzco de los arbustos negros de la endrina y los introducían en licor de anís, en algunas ocasiones le añadían una rama de canela y unos granos de café. El recipiente se colocaba en el peyote de una ventana orientada al sur y, transcurridos unos meses (entre 2 y 4), se convertía en un licor de sabor extraordinario, el pacharán (y es que en español, a las endrinas las conocemos como pacharanes). Y es que es conocido en el saber popular, que este licor ayuda a prevenir los infartos y la arteriosclerosis, pero sobre todo, es un fantástico digestivo. Una buena copita fría o aderezada con zumo de naranja o piña, acompañado de una copiosa tapa de Roncal, hará que disfrutes enormemente de tu aperitivo.