¿Sabías qué? Llevamos más de 10.000 años comiendo queso!

No sabemos a ciencia cierta cual es el origen de esa maravilla que es el queso, unos piensan que fue un regalo de los dioses, otros creen que fue un hallazgo fortuito, pero lo que es seguro es que los primeros quesos aparecieron cuando el hombre domesticó a los animales (primero cabra y oveja, más tarde vacas), allá por el Neolítico. Remontandonos tan atrás, no es de extrañar que los quesos hayan adquirido la grandiosidad que tienen a día de hoy ¡Así nos salen de buenos!
Puede ser, ya que no tenemos certezas, que el queso surgiera como una forma de conservar la leche…..como se desprende de la antigua leyenda que nos cuenta que un mercader árabe realizaba un ardúo viaje por el desierto, guardó la leche en un recipiente elaborado a partir del estómago de un cordero y al ir a consumirla, cuál fue su sorpresa al encontrarla coagulada y fermentada debido al cuajo del estómago del cordero y a la alta temperatura del desierto. De esta historia existen numerosas versiones, en las que cambia el país y el descubridor, pero el final siempre es el mismo, termina con el nacimiento del primer queso.
Este queso tendría un fuerte sabor, con una alta intensidad salada y una textura similar al feta o al requesón.

Desde las antiguas civilizaciones, el queso se ha almacenado para las épocas de escasez y se le considera un buen alimento para los viajes porque es fácil de transportar, se conserva bien y su alto contenido en grasa, proteínas, calcio y fósforo lo convertían en el aliado perfecto para largos viajes y para épocas de guerra, donde los soldados necesitaban un aporte rápido de proteínas.

Uno de los primeros testimonios gráficos que existen sobre la elaboración del queso se encontró en la antigua Mesopotamia. Un friso sumerio conocido como ‘La Lechería’, dentro del templo de la diosa de la vida Ninchursag, describe con detalle la producción del queso, desde el ordeño, el batido o el almacenaje.

Friso de La Lechería, hace 5.000 años. Museo Nacional de Irak (Bagdad) A partir de aquí, lo más probable es que el queso viajara desde Oriente Medio a Grecia y Roma. En la época clásica de Grecia se atribuía a Aristeo el descubrimiento del queso. En La Odisea de Homero (siglo VIII a. C.) se describe a un Cíclope haciendo y almacenando quesos de oveja y cabra.

En la Antigua Roma el queso era un alimento que se consumía a diario y de la forma de elaborarlo era muy parecida a como se elabora actualmente. Varios escritos de la época hablan del proceso de fabricación, de los fermentos, del cuajo o incluso de los mejores quesos que se podían encontrar en el Imperio. Como en Re Rustica de Columela (65 d. C.) en el que se detallaba la fabricación de quesos con procesos que comprenden la coagulación con fermentos, presurización del cuajo, salado y curado. La Naturalis Historia de Plinio el Viejo (77 d. C.) dedica un capítulo (XI, 97) a describir la diversidad de quesos consumidos por los romanos del Imperio. Los romanos lo comían en su dieta condimentados con diversas especias y frutos secos.

Con la expansión del Imperio Romano, el queso se extendió por gran parte de Europa y llegó a distintas regiones que empezaron a desarrollar sus propias tradiciones, dependiendo de gustos, pastos, ganado, temperatura...Cuando los pueblos bárbaros invadieron el Imperio Romano, trajeron consigo sus técnicas queseras. Los vikingos propiciaron que los conocimientos de los queseros escandinavos fueran transmitidos a los países Bálticos, Inglaterra y Normandía. Posteriormente, las cruzadas establecieron un puente entre Bizancio y las culturas árabes con Europa Occidental, donde se intercambió de conocimientos sobre la elaboración del queso.

A finales de la Edad Media, y al principio del Renacimiento, los comerciantes venecianos y holandeses comienzan a desarrollar el comercio internacional. Queso va, queso viene….

Con el descubrimiento de América se abren nuevas rutas en las que el queso es una de las muchas mercancías que se comercializan. En el siglo XIX, comienza lo que podemos entender como la época de la gastronomía moderna y con ella se inicia una etapa en la que el queso pasa a convertirse en un producto indispensable. 

A lo largo del siglo XX, los descubrimientos en los campos de la bacteriología, la química y la técnica han sido los responsables de la rápida modernización que ha experimentado el sector quesero. Hoy se calcula que existen unas 2000 variedades de quesos en todo el mundo. Son el resultado de miles y miles de años de tradición, cultura, estudio, trabajo, y de gente a la que le encanta su trabajo y disfruta haciéndonos llegar manjares tan exquisitos como los que tenemos en nuestra tienda, tan diferentes, especiales y únicos, con la personalidad y casta que les caracteriza.